No suelo ser amigo de los propósitos de año nuevo, quizás porque no me gusta fracasar :)
Pero a propuesta del amigo Bonilla, allá vamos.

Primero, resumen rápido del 2011.

  • Un montón de curro en Gailen... un montón, todo sacado adelante. Quizás *demasiado* trabajo porque he tenido una cierta sensación de inercia, de que el trabajo me conducía en lugar de yo a él.
  • He participado en unos cuantos eventos, de distinta manera: XP2011, CAS2011, AOS2011, Greach, Openspaces varios (Agile Coaches Gathering, Visual Management...). Como ponente, como organización, como asistente. He disfrutado de todos :)
  • He asistido a distintas formaciones en habilidades no-core para intentar mantener la mente abierta; Sunni Brown, Nick Payne, Jurgen Appelo
  • He intentado mantener un equilibrio dejando de participar en eventos muy interesantes para poder atender mis no menos interesantes no-obligaciones familiares, aunque la manía de este país de poner eventos profesionales en sábado me sigue torturando.
  • El papeleo y las gestiones de la Asociación Agile-Spain me han desbordado por completo, y eso que sólo soy una pieza del agobiado equipo que ha estado a cargo.
  • No he sido capaz de lanzar el grupo de soporte técnico de Agile-Spain.
  • He acumulado un insostenible retraso de meses en las tareas administrativas.
  • Dejo una lista de tareas y herramientas de mejora de procesos de mis equipos en "pendiente".
  • He escrito *mucho menos* de lo que pretendía en el blog. He dejado a medias varios artículos por no ser capaz de rematarlos adecuadamente.
  • He leído poco... muy poco, probablemente uno de los años en que menos he leido de mi vida. Y cuando lo he hecho, ha sido siempre lectura diagonal, captura de ideas pero sin demasiada profundización.
  • He mejorado la actividad física. El padel ha cubierto mi falta de disciplina para ir a correr desde el verano pasado.
  • He puesto en marcha a finales de año un nuevo sistema de organización de tareas que parece que funciona (aún es pronto), aunque hay que mejorar la organización del tiempo. El sistema de archivo de "ideas/referencias" también va avanzando pero debe mejorar.
  • No hemos puesto en marcha una linea de negocio complementaria de Gailen que lleva dos años "en espera".
Ufff... viéndolo así, las cosas que se han hecho han ido bien, pero quizás he intentado más de lo que soy capaz. También merece una reflexión mejorar mi forma de acometer las tareas, conseguir *terminar* lo que se empieza ayudaría a mantener el WIP bajo sin provocar grandes cuellos de botella.

En fin, a lo que se me pide; compromisos
  • Mantener o mejorar mi tiempo de familia. Intentar aislar mejor trabajo y familia. Es uno de mis compromisos *fundacionales* y quiero que figure el primero.
  • Evolucionar a un sistema predecible de gestión de tareas/tiempo/referencias. Veremos...
  • Reservar un espacio semanal fijo a la lectura. ¿Lunes por la mañana :P ? (con un par!!) No puedo permitirme no leer, no exponerme a nuevas ideas que cambien mi forma de ver la realidad.
  • Mejorar la percepción interna del proceso de trabajo; necesitamos siempre *ir hacia algún lado*, no podemos dormirnos en *aquí hacemos las cosas así*.
  • Un post semanal; hasta ahora siempre tengo la idea, me falta *cerrarla*. Veremos...
  • Bajar tres kilitos, sí. Últimamente me cuesta mover el cuerpo :)
  • Seguir divirtiéndonos nosotros, el equipo, los clientes, todos los partners.. El año ha sido duro pero divertido, satisfactorio. Esta debe seguir siendo la prioridad número 1.
Ala... ahí queda... objetivos etereos que no cumplen SMART. Así nos va... :) :) 

Leo en la Bonilista la anécdota del plan de negocio de la distribución de empanadas, y sus números a brocha. 40 empanadas diarias, 6.000€ mensuales de margen. Valgan como ejemplo.

Y no puedo estar más de acuerdo en el sentimiento de base; un negocio no es un billete de lotería. Un negocio es algo que genera un rendimiento satisfaciendo una necesidad (bueno, satisfaciendo muchas, pero quiero simplificar).

Entonces quedamos en que sus dos componentes son esos; *rendimiento* Y *satisfacción de necesidad*. Me atrevería a decir que van a la par, y que cuando cualquiera de los dos se dispara en perjuicio del otro... ya no hablamos de negocio sino de otra cosa. Hablaremos de altruismo (no obtener rendimiento ni planteárnoslo), o bien de especulación.

El problema... siempre hay un problema... es que de alguna manera las últimas décadas nos han educado en que *negocio* signifique precisamente eso; obtener rendimiento sin preocuparnos demasiado de la satisfacción de necesidades. Eso es un *buen* negocio.

Así que ya oigo las voces de los que intentarán escalar el proyecto...

"y por qué vender 40 empanadas al día pudiendo vender 400... o 4000... y claro, bajaremos la calidad, ahora son demasiado costosas... y el transporte internacional es caro... pero podemos hacer una buena campaña de "product placement" (ya estoy viendo a las de Sexo en Nueva York comiendo nuestras empanadas mientras debaten sus asuntos!)... y el mercado ruso está deseando acogerlas... y si compramos unos buenos congeladores podremos fabricarlas en Nigeria y..."

En definitiva... globalizar nuestro negocio, y en el fondo... diluir su más que respetable margen y sostenibilidad, en el obligado intento de acceder al mercado masivo... mientras multiplicar los costes secundarios, convertiéndolo en un producto plano, 'global', de discutible valor añadido, demasiado centrado en la oportunidad del "nadie más lo hace"... y finalmente... desvirtuando totalmente el hecho de base; un artesano, un producto de calidad, un entorno capacitado para disfrutarlo y *vivir*.

Ay... ¿por qué nos resulta tan difícil encontrar el equilibrio? Existen negocios perfectamente sostenibles a escala "local/nacional". No quiere decir que no haya que salir, que no haya que exportar... pero a menudo parece que la única posibilidad de muchos negocios sea el crecimiento desmesurado, a costa de desvirtuar los componentes que en primer lugar los hicieron *buenos negocios*.

¿Qué caracteriza un *buen* negocio?

  • Debe ofrecer rendimientos de forma estable y suficiente para torear los malos momentos.
  • Puede adaptarse a la demanda sin implicar "tenemos que cerrar tres fábricas y 'regular' a 1500 empleados porque la demanda ha bajado un 5%".
  • Permite a las personas desarrollar sus vidas, y genera actividad alrededor de esas personas, donde ellas viven, trabajan, hacen la compra, toman unas cervezas, llevan a los niños al parque...


Ya... probablemente esas características no son compartidas por el "mundo real", que parece regido por otros valores... o como decía guillerdorron ayer en este articulazo, parece reducido a Salas VIP de aeropuerto y salones de hoteles.

En fin... voy a revisar el horno, a ver cómo van nuestras empanadas...

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Harto estoy.
Todos los días lo mismo en la radio.

Antes "los mercados" eran la Bolsa, y todos los días teníamos que despertarnos con el termómetro de "rojo", o "verde". Verde porque el negro, tradicional color positivo del negocio, tiene connotaciones negativas en el gran público, así de popular se había vuelto la Bolsa.

Y uno se creía que eso tenía ser importante.
Que, si lo repetían tan a menudo, era porque debía ser un indicador válido de algo que nos importa al común de los mortales.

Y mi madre me decía "¡cómo está la Bolsa!". Y las exclamaciones a veces transmitían alegría, y a veces nerviosismo, o pavor.

Y por mucho que yo le dijera "Ama, que a tí eso no te afecta, no le des tanta importancia"... ella a lo suyo, normal, dado el bombardeo.

Pero nos lo creemos, y como somos "cazadores de patrones" nos empeñamos en encontrar correlación entre los movimientos locos de los índices, y la realidad.
Como si la realidad fuera reducible o controlable.
Como si comprendiéramos el mundo.

Pero claro, en el momento en que uno descubre los derivados, descubre las apuestas cruzadas, que se puede uno "poner bajista" y hacer dinero aunque las radios griten desesperadas por el rojo de la apertura...

Ese día, entiendes que realmente no importa, que esa métrica está viciada, y que es más un negocio para algunos que un indicador fiable de la realidad.
Y si alguien hace negocio con un indicador, y este es manipulable... ¿es fiable el indicador?

Y últimamente, abrimos los días con la prima de riesgo. Que es, simplemente, cuánto más caro se presta dinero a un país que a Alemania.

Y claro, uno piensa... "¿quizás esta vez sea una métrica lógica?"

Pero claro... si alguien presta dinero, si alguien paga un interés... alguien hace negocio.

Y la famosa prima fluctua a diario, de manera que los medios se apañan para relacionar con el momento político, comercial, climático o deportivo.
Porque al fin y al cabo saben que somos "cazadores de patrones".
Saben que estamos deseando encontrar hechos que nos reafirmen, que nos hagan sentir cómodos, que nos den la ilusión de control.
Y así nos venden el periódico, o sus espacios publicitarios. O venden nuestras vidas por fascículos.

Y luego ves que esa fluctuación diaria es falsa... porque el momento de la verdad son las "subastas" de deuda, donde esa prima se ve reflejada realmente, el momento en que el dinero se presta y el interés a pagar se establece.
Y casualmente, la prima tiende a subir justo los días que hay subasta, y puede que baje después.

Y habrá una explicación en los medios para la subida y para la bajada.
Y nos la creeremos.
Y hablaremos de ello en el café.

Pero de nuevo... alguien está haciendo negocio, y está manipulando la métrica para hacer más negocio.

¿Y todo esto para qué?

Después de esto... ¿de verdad crees que ligar incentivos a métricas en tu equipo es buena idea? ¿Seguro que tus métricas están a salvo de la manipulación? ¿Qué efectos perniciosos pueden tener esas métricas y las consiguientes acciones de las personas por manipularlas a su favor, sobre los objetivos generales de tu equipo/organización?

Piénsalo antes. Piénsalo otra vez.


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Mañana por la mañana estaremos en el Greach, rodeados de gente interesada por la tecnología, y por Groovy y Grails en particular.


A las 10:30 tendré el placer de ofrecer una charlita cuyo título no cabe en 140 caracteres, lo que ya es mala leche en estos tiempos de twitter :)

"Deconstructing grails-i18n-fields. Nacimiento y evolución de un power-plugin de Grails

La idea de la charla es, usando el plugin de internacionalización de campos como base, dar un paseo por las posibilidades avanzadas de extensión de Grails mediante plugins. Métodos dinámicos, intercepción de hibernate, transformaciones de código vía AST...

Es una charla bastante técnica, con mucho código en pantalla. Quizás lo ideal habría sido que se tratara de un taller, pero... bueno, si hay interés quizás en otra ocasión :)

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(respuesta al post de Carlos Blé "No malinterpretes tu carrera". He comenzado en su sección de comentarios pero me he ido calentando... así que mejor lo saco a un post)



Ese Carlos!

Veamos cómo digo esto;

He lanzado ese discurso o parecido muchas veces.
He envidiado "el paraíso yankee del desarrollador" durante años.
He aguantado durante años a capullos diciendo cosas como "¿picando como un enano?", "yo ya no pico", y similares...

Pero o bien esos comentarios iban hacia *otros*, o yo no me daba por aludido.
Y me he obligado siempre a entender las necesidades de negocio, a saber un poco *de todo*, a interactuar con los perfiles alejados del área técnica.

Así que hace muchos años que perdí los complejos, y me monté mi propio personaje: El rarito ese que lo mismo habla de frikadas y resuelve las dudas de los juniors, discute con los "arquitectos" del cliente, se pasa cuatro días programando algo oscuro de la plataforma, mete conceptos extraños como prototipados visuales o iteraciones cortas en las cabezas de los usuarios corporativos, o discute de "pirámides de costes" y de productividad con gerentes de cárnicas.

Y es una gozada, y me lo paso en grande; y sigo siendo un técnico que trabaja para resolver problemas, que es por lo que me metí en este mundo.

Y ahora que lo pienso... creo que puedo trazar esa inquietud hasta algún momento a mediados de los años 80:

Recuerdo las impresiones que me causaron algunos articulillos de esta vieja enciclopedia que compraba semana a semana.

Una fue el viejo chiste de lo que el analista pidió, lo que el diseñador dibujo, lo que el programador hizo, y lo que el cliente *realmente* quería.

Me impacto. Y después de leerlo, recuerdo decirle a mi padre, con la seriedad que sólo un preadolescente puede tener:
"Aita, yo quiero ser analista-programador."
"¿Exactamente *eso* tiene que ser?" Me dijo él, supongo ahora que riéndose a carcajadas por dentro.
"Sí. Porque programar lo que otros dicen parece muy aburrido. Pero descubrir cómo resolverlo, y hacerlo... eso parece tan divertido..."

Y he tenido la suerte de que, en los años siguientes, en la Universidad, en mis primeros pasos profesionales, en las empresas por las que he pasado... *nadie* se interpuso en mi camino con la suficiente fuerza como para hacerme renunciar.

Así que, seamos positivos:

Carlos; tienes más razón que un santo:
Hagamos lo que sabemos hacer bien. Pero además, sin complejos, aprendamos de todo lo que pueda hacernos devolver un mejor trabajo al mundo. Y ante todo, no dejemos que nos arrinconen, porque esa es otra forma de devaluar nuestra profesión.
Seamos los que marcan la diferencia; seamos los "mediums" capaces de relacionar las necesidades con el mundo técnico.
Demostremos que confiar en nosotros multiplica las posibilidades de éxito.

¡¡¡A por ellos, hombre, a por ellos :) !!!


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Al hilo de comentarios online y offline sobre el artículo de Uncle Bob (mi traducción) un poco de reflexión a borbotones, más allá del dilema "experiencia vs certificación" que puede entreverse en la superficie.

¿Es el problema la existencia de la "certificación" CSM?
No, no lo creo. El problema de la certificación ha sido siempre esa palabra "certified". Incluso Scrum "Master" ha sido problemático.

Podemos hacer un juicio de intenciones y denunciar una conspiración, pero en general la existencia de estos cursos ha ayudado a difundir el conocimiento base, y ha generado una inercia que ha ayudado a su expansión.

Por otra parte, han generado un modelo de negocio tan rentable que pone en riesgo sus objetivos iniciales. Y esa reflexión es crítica en estos momentos.

¿Es el problema la existencia de múltiples formaciones "oficiales" (de cada casa) y de "certificadores" de sus propias versiones de Scrum?
Aquí entramos en un debate viejo; fragmentación contra libertad de competencia.

La libertad es siempre interesante, y además permite concurrencia al mercado de múltiples grupos. Pero si el mensaje no es consistente, terminamos definiendo los términos como nos da la gana, y generamos una confusión que puede resultar contraproducente.

Por ejemplo que no estemos de acuerdo en lo que implica "Scrum" no puede ser nada positivo, y es algo que está pasando. Y que no se me entienda mal; ni Scrum es la bala de plata de nuestros problemas, ni es intocable. Pero no me parece justo jugar a dos barajas; aprovechar la marca Scrum comercialmente, pero luego reinterpretarla y emitir un mensaje confuso, o cuando menos contradictorio con el emitido desde otras fuentes (a menudo de mayor autoridad aunque esto último sea también discutible).

De nuevo puedo hacer un juicio de intenciones, y asumir que lo hacen de manera maquiavélica para ordeñar la vaca ágil mientras de leche. Pero eso es cosa de cada uno. Puede ser un simple error, puede ser una deriva no controlada. En cada uno está reflexionar sobre lo que está aportando y cambiarlo si lo considera necesario.

¿Está en riesgo la adopción de metodologías ágiles?
En mi opinión el artículo de Uncle Bob expone un serio riesgo de ataque de tipo "embrace and extend" por parte de personas y organizaciones que ni *comprenden* los principios de base ni están interesados en defenderlos. Prefieren seguir hablando de "gestión" del proyecto y del equipo, y buscan el mapeo entre lo antiguo y lo nuevo para en vender mejor el mensaje; "no hace falta cambiar mucho, esto es una pequeña evolución sobre lo que llevas haciendo años".

Nos quedamos en un cambio de herramientas, en unos "informes ágiles"... y el cambio de base, el que realmente podría generar una diferencia de valor en nuestra industria (y en todas las que se verían beneficiadas por este) se va diluyendo poco a poco hasta quedarse en nada...

En un país como España donde el principal sector relacionado con el desarrollo de software es el de reventa de tiempo; donde las empresas viven del mantenimiento; donde los grandes clientes que mueven una gran parte del mercado laboral se limitan a consumir presupuestos (que en gran parte se van en márgenes de intermediarios sin valor productivo); donde la I+D es una excusa para consumir subvenciones a nombre de administrativos que figuran como "personal investigador"; en un país como este, donde la revolución tenía tanto o más sentido que en cualquier otro, el ataque está teniendo éxito y la revolución ágil será recordada como una gripe de verano.

El ataque ya se está produciendo. El concepto "ágil" se malinterpreta continuamente, y casi todos tenemos nuestra parte de culpa. La pregunta es; ¿qué podemos hacer ahora?

Reproduzco a continuación un artículo recién publicado por Robert C. Martin.
Me ha gustado tanto que me he lanzado a traducirlo como un poseso, espero que lo disfrutéis.

En lo posible, disfrutad de la versión original aquí porque puede que algunos matices se hayan perdido en la traducción.
En 1971 un ingeniero de software llamado Winston W. Royce escribió un artículo fundamental titulado Gestionando el Desarrollo de Grandes Sistemas de Software. Este artículo describía el proceso de software que Royce consideraba apropiado para sistemas a gran escala. Como diseñador para la industria aeroespacial, estaba perfectamente cualificado.
Comenzó el artículo describiendo un proceso “de paja” para luego derribarlo. Describió este inocente proceso como “grandioso”. Lo describió con un diagrama sencillo en una de las primeras páginas de su artículo. Y el artículo procedió entonces a destrozar metódicamente este “grandioso” proceso. Finalmente, Royce propuso una aproximación mucho más clarividente y matizada, dejando que el lector se riera de la estupidez del modelo “grandioso”.

El artículo fue un éxito instantáneo. Fue citado en muchos otros artículos , incluyendo documentos de varios importantes procesos en los primeros años 70. Una de los más influyentes fue el DOD2167, el documento que describía el proceso de desarrollo de software para el Departamento Americano de Defensa. Royce fue aclamado y se hizo conocido como el padre del proceso DoD.

Sólo había un problema. El proceso que el DOD adoptaba era el proceso “de paja”. Aparentemente los autores del DOD2167 no habían leído el artículo de Royce porque adoptaron a “grandioso”, el simplista proceso que el artículo ridiculizaba. Para su desesperación, el Dr. Winston W. Royce se hizo famoso como el padre del desarrollo en cascada o Waterfall.

Aunque Royce protestó amargamente y peleó contra ello, la bola de nieve ya estaba en movimiento. Siguió creciendo según descendía por las montañas de compañías de software y países industriales. Año a año ganaba popularidad, dejando a su padre preguntándose acerca de la justicia del universo y de si había vida inteligente sobre la Tierra.

A mediados de los 90, el proceso en cascada dominaba el mundo del software. El campo de la “Ingeniería de Software” era definido por ese proceso; y por el catálogo de documentos de análisis y diseño que se esperaba que Arquitectos, Diseñadores y Analistas produjeran. El código era un detalle - la parte menos importante del proceso. Si escribías tus documentos bien, y dibujabas todos los diagramas necesarios, entonces lo estabas haciendo bien. Eras un ingeniero. El código podía dejarse para los humildes plebeyos del sótano.

Esta actitud creó un cisma en la comunidad técnica. Estaba la élite de Arquitectos, Diseñadores y Analistas de Sistemas que hacían la ingeniería real satisfaciendo las primeras dos fases de la cascada. Y luego estaban los soldados rasos que tenían que hacer realmente que todo funcionara en la fase final. Cuando el proyecto se retrasaba, eran los soldados los que trabajaban horas de más. Cuando el proyecto fracasaba, eran los soldados los que cargaban con la culpa.
Este fue un gran reto para la élite de Arquitectos, Diseñadores y Analistas! ¿Quién no querría un trabajo como ese? Tienes la autoridad para especificarlo todo, y ninguna responsabilidad en hacerlo funcionar realmente. Consigues un buen sueldo, el respeto de tus pares, y la envidia de las masas; y casi no hay manera de que te equivoques. Cuando vienen mal dadas, siempre puedes culpar a los programadores.

Sí, esto es un poco exagerado, pero sólo un poco. Las actitudes de elitismo eran muy reales. Aquellos que analizaban y diseñaban eran considerados demasiado valiosos para malgastarlos en simple programación. El código se convirtió en el hijo huérfano de la Ingeniería de Software.

Para 1998 las grietas ya estaban apareciendo en el edificio del proceso en cascada. Programadores en todas partes comenzaban a rechazar el elitismo de Arquitectos, Analistas y Diseñadores. Comenzaron a quejarse de la rigidez y pesadez del manto que les obligaban a vestir. Beedle, Devos, Schwaber y Sutherland habían publicado su artículo fundacional sobre Scrum, y Kent Beck había creado un movimiento acerca de la Programación eXtrema (XP).

Scrum rompió la cascada en piezas. En lugar de gastar meses o años creando pilas de documentos a través de una serie de fases secuenciales, Scrum sugería que u equipo de desarrolladores debían trabajar en ciclos cortos de 30 días para implementar funcionalidades. Scrum sugería que el equipo debía decidir cuando y si un documento era necesario. Scrum quitó el énfasis de los documentos y artefactos, para ponerlo de lleno en obtener funcionalidades terminadas, y en dar el poder de tomar decisiones al equipo. Scrum rompió el monopolio de la autoridad esgrimida por las élites y la puso en manos del equipo de desarrollo.

XP llevó esto un paso más allá aumentando el énfasis en el acto de la programación, declarando que el código era importante. XP es la integración de Scrum con un conjunto de disciplinas técnicas. ¡Y esas disciplinas tienen un inmenso efecto!
Scrum es un proceso diario. Proporciona un marco que describe como debe de ser un día, pero no dice nada de cómo debes trabajar en las horas y minutos de ese día. XP es un proceso minuto a minuto. Las disciplinas de XP llenan tu día. XP proporciona guía para la creación de cada línea de código. Proporciona un marco en el que tomar las decisiones de diseño y programación.
Scrum es un proceso subjetivo: El equipo manda. No hay medida objetiva de éxito o de calidad, o incluso de “hecho”. Queda al equipo definir esos términos. Las técnicas de ingeniería de XP añaden algunas meddas objetivas a Scrum. XP define la calidad del diseño y de código, y proporciona guía sobre cómo conseguirla. XP define el significado de “hecho”, y como puede medirse.

En 2001 la comunidad del software estaba revolucionada con estas ideas. El Manifiesto Ágil se había escrito, y había pasado a ser el elemento central detrás de u movimiento energético, entusiasta y creciente. La mismísima definición de Ingeniería del Software estaba siendo desafiada, y el desafío estaba triunfando.

El elitismo engendrado por “Waterfall” estaba siendo atacado. Ni Scrum ni XP tenían un rol previsto para un elitista que asumiera autoridad sin aceptar responsabilidad. En Scrum, el poder del equipo es más fuerte que el poder de un Arquitecto o Diseñador. Las contribuciones son bienvenidas, pero no necesariamente obedecidas.

XP llevó esto incluso más lejos. Si querías contribuir a un equipo XP, eras bienvenido; pero tomabas la responsabilidad explícita de tus contribuciones. Para Arquitectos y Diseñadores esto significaba que escribieran código. Para Analistas esto significaba que escribieran tests. Todos en el equipo tenían la responsabilidad de hacer que las cosas funcionaran.

Durante un tiempo, pareció que el elitismo de la Ingeniería del Software estaba muriendo; que la autoridad y la responsabilidad habían sido reconducidas de una vez por todas. Pero el elitismo es algo difícil de matar.

Tanto XP como Scrum definen el rol de un coach. La responsabilidad del coach es defender el proceso. Recuerda a todos su compromiso con sus disciplinas y con el proceso. Cuando la fecha se aproxima y los clientes están enfadados, es el coach quien recuerda al equipo que la mejor manera de cumplir y calmar a los gestores es seguir sus disciplinas. En Scrum, este rol se denominó Scrum Master.

XP define el rol del coach de manera bastante informal. El rol se desplaza entre los miembros del equipo. Un mes sería Joe, el siguiente Jane. No era un título, y no concedía ninguna autoridad. No había decisiones a tomar, no había asignación de poderes. El coach tenía la responsabilidad de recordar, no de mandar.

En Scrum, sucedió algo diferente…

El primer curso de Certified Scrum Master se impartió en las oficinas de Object Mentor en Vernon Hills, Illinois. Ken Schwaber me llamó y me preguntó si podía usar una de nuestras salas de formación. Le dije que estaría encantado de albergar ese curso. Él amablemente permitió que muchas de las personas que trabajaban para mí en aquella época asistieran gratuitamente y se convirtieran en CSMs.

Francamente, pensé que la idea era un poco tonta. No pensaba que miles de persona harían cola para obtener sus certificaciones. Pero no había considerado el atractivo del elitismo. No se me ocurrió que aquel curso especial, junto con el término “Certified” Scrum Master, se convertiría en una cuña para romper la relación entre autoridad y responsabilidad.

¿Quienes eran estos que hacían cola para recibir estos cursos CSM? ¿Eran miembros de equipos Scrum que querían ayudar a sus equipos? ¿Eran programadores y testers? Sí, había ciertamente algunos CSM que venían de equipos existentes. Pero la inmensa mayoría de CSMs tenían experiencia de gestión de proyectos. En esencia, habían añadido CSM al PMBOK. Se habían convertido en CSMs para tener la autoridad de gestionar equipos Scrum.

Esa nunca fue la intención. El papel del coach era actuar como un suave recordatorio del proceso y de la disciplina. No debía gestionar ni el proyecto ni la agenda. De hecho, ambos roles eran contradictorio. Es el rol del project manager hacer al equipo consciente de las fechas y sugerirles cambiar cosas para cumplirlas. Es el papel del coach recordar al equipo que debe respetar el proceso.

Los verdaderos coaches XP no son ni project managers ni líderes de equipo. No llevan al equipo al éxito, y no pueden reclamar el crédito del éxito. De hecho, el rol es considerado opcional porque los equipos maduros probablemente no necesitan recordatorios. Pero los CSM a menudo asumen el papel del líder de equipo. Se les ve como un componente crítico del equipo, sin el cual el equipo no puede funcionar. En XP, un equipo sin coach no es nada raro; pero un equipo scrum sin un scrum master es una contradicción.

De hecho, el rol de Scrum Master se considera tan importante que requiere certificación para obtenerlo. Si tu equipo Scrum no tiene un Scrum Master Certificado es que algo va mal.

Cuando un equipo Scrum tiene éxito, es el CSM el que se adelanta para recibir el premio, por supuesto en el nombre del equipo. ¿Pero qué pasa cuando un equipo Scrum falla? ¿Es el CSM quien da un paso al frente y cae bajo la espada? ¿Es el CSM el que recibe los latigazos y protege al equipo?

El elitismo ha vuelto, y está creciendo. Más cursos con certificaciones están disponibles, más se vislumbran. Otras compañías de formación ofrecen sus propias certificaciones. Después de todo, la erótica del elitismo es un gran negocio. La bola de nieve baja rodando por las montañas, y se hace más grande en cada giro.

¿Y cuándo comienza la revolución…?

Sólo puedo esperar que cuando Scrum caiga no arrastre en su caída a todo el movimiento Ágil.

Robert C. Martin
20 Nov. 2010

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Vale, esto es un gruñido, una queja, tomadlo entre paréntesis y perdonadme. Realmente iba a ser un grito en twitter pero se me quedaba corto...

Me asombra la capacidad de alguna personas para lanzar proclamas y evangelizar a favor o en contra de técnicas, metodologías, tecnologías... sin tener (reconocido o demostrado por ellos) ni la más mínima base para haberse formado una opinión. ¿No deberían plantearse que un proceso de aprendizaje real necesita más humildad?

Me asombra la capacidad para mezclar churras con merinas y arrimar el ascua a su sardina intentando demostrar que todo lo que no conocen no es más que otro sabor de lo que llevan años haciendo/diciendo. ¿Buscan una excusa para no tener que aprender nada nuevo?

Me asombra la falta de pudor. Me asombra cómo insisten, una y otra vez en que les hagan un resumen de libros que parece que no tienen capacidad de leer, o que dicen haber aprendido cosas a partir de dos posts y un proyecto mascota, y de ahí saltan a evangelizar en público.

"Antiguamente" (hace pocos años, en la era pre-google), se usaban algunos acrónimos más o menos acertados. Había uno que era RTFM, que es bastante apropiado: "Read The fucking Manual".

¿No deberíamos de alguna manera enseñar a aprender, volver a una cierta maestría?


(Nota: Este post me lo he encontrado a medias y sin publicar... recuerdo que ver algunas cosas "prendió la mecha"... pero ahora, leyéndolo... creo que en frío sigo pensando exactamente lo mismo, así que he borrado la parte incompleta y ahí queda ;) )
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Ufff... cada vez que lo oigo me asaltan los demonios.

La semana pasada, en una jornada sobre metodologías ágiles en CEIN, ofrecí un pequeño repaso a posibilidades de herramientas de soporte de procesos ágiles.


En esa charla, comenzaba preguntándome si como se dice en algunos foros, podemos dar por sentado que "Agile" es ya mayoritario, o "la norma", como algunos estudios parecen sugerir.

Para mí, esa visión no solo es mentira, sino que ofrece la falsa sensación de que "ya hemos llegado", y ejerce un efecto devastador sobre todo el movimiento ágil, que en cierta manera queda desactivado, se populariza como "lo que se hace ahora", pero no refuerza ni los valores, ni los principios, ni las prácticas, con lo que el Manifiesto y la agilidad pasan directamente al limbo de las ideas pasadas, de las siglas olvidadas y nunca realmente implantadas. No daré ejemplos.

Pero es que el famoso informe de Forrester que está haciendo tanto ruido, aparte de que debería suavizarse con un filtro de "buzz factor" (decir "Agile" es cool), ofrece unos resultados que se ve claramente que están mal calculados, con errores de suspenso de matemáticas en la escuela.

A continuación, mi versión modificada de la gráfica (no voy a linkar al informe porque me niego a darle difusión ;) )



He tachado, siendo conservador, todas aquellas prácticas que muy probablemente están solapadas en otras cifras de las gráficas. Es decir: ¿Cuántos equipos que hacen TDD lo hacen dentro de Scrum o Lean? Casi todos, luego resto TDD. ¿Cuántos con XP? Idem.

Entonces, a groso modo el 35% cae a poco más de un 20%.

La pregunta final: Si un informe tiene fallos tan básicos... ¿tiene sentido que lo citemos como si fuera una fuente de autoridad?

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Agotado pero contento, ya estoy de vuelta de una nueva jornada de difusión de las metodologías ágiles en CEIN, Pamplona, a la que Gailen ha tenido el gusto de ser invitada.

En esta ocasión me ha tocado abrir el fuego con mi presentación de gestión de equipos distribuidos, y espero que la gente se haya quedado mínimamente satisfecha; aunque es complicado condensar técnicas y antipatrones en una charla de 55 minutos, uno hace lo que puede ;)

Después he disfrutado de la charla de Gestión de la Configuración de Rodrigo Corral, y de la charla sobre gestión de personas del señor Medinilla. De ambas puedo decir que me entraban ganas de gritar "SIIII" cada pocos minutos ;), aunque en esta ocasión creo que el ganador del espectáculo has sido Ángel (su tema también era más agradecido y dado a las volteretas, no vamos a negarlo :) ).

En fin, que podéis ver la charla sobre gestión de equipos aquí incrustada, no sin antes volver a dar las gracias a la gente de CEIN por todo el movimiento que están haciendo alrededor de la mejora del software en Navarra, ¡gran trabajo!