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Zorionak Aita!

Eu estou vestido com as roupas e as armas de Jorge.
Para que meus inimigos tenham pés e não me alcancem.
Para que meus inimigos tenham mãos e não me toquem.
Para que meus inimigos tenham olhos e não me vejam.
E nem mesmo pensamentos eles possam ter para me fazerem mal.
Armas de fogo, meu corpo não alcançarão. Facas e espadas se quebrem, sem o meu corpo tocar.
Cordas e correntes arrebentem, sem o meu corpo amarrar.
Pois eu estou vestido com as roupas E as armas de Jorge, Jorge é da Capadócia.

Caetano Veloso – Jorge De Capadocia

Verdades detrás del “fallo de Excel”

Siguen hablando del “fallo de Excel” que parece dirigir nuestros austeros destinos. Ese en el que los autores olvidaron incluir los datos de algunos países en una fórmula, y así descubrieron una “verdad cómoda” para muchos, donde el excesivo endeudamiento se muestra como causa directa del decrecimiento, echando leña a la caldera del “recortismo”.

Mis observaciones sobre el tema son estas:

Primero: Casualidad, como tantas veces, el fallo favorece los resultados de los autores. ¡Vaya! ¿Sesgo de confirmación a pleno rendimiento… o quizás algo más? Fíjate que podía haber salido al revés… pero entonces no habría libro, y además, doble casualidad, el mensaje no calaría con las lineas políticas predibujadas (porque todos sí, todos, llevamos nuestras lineas políticas predibujadas en cada paso que damos por la vida, nos guste o no, lo sepamos no)

Segundo: Para esto sirven gran parte de los estudios en economía, e incluso en otras ciencias aparentemente más exactas (¿medicina?). Para alimentar lobbies de presión, para confirmar teorías interesadas por motivos más o menos honestos. Y esto explica por qué por cada estudio favorable a un tema, puedes encontrar otro que se oponga (si buscas bien).

Tercero: Que es un alivio que saber que todavía, en algunas universidades, se anima a los estudiantes a *replicar* los estudios publicados por otros, para validarlos. Y que es un alivio que un alumno se pusiera cabezón, y dijera *no encajan los datos*, e insistiera, y consiguiera incluso el apoyo de sus profesores, para demostrar finalmente que las conclusiones eran erróneas.

Curiosamente o no… la refutación de la tesis entra, él mismo lo confiesa, en las lineas políticas premarcadas del alumno en cuestión. Y curiosamente o no, los autores del texto original no tienen ningún problema en decir que sí, que reconocen el error, pero que eso no altera la validez de sus conclusiones. 

Y este, señores, es es el mundo en que vivimos. Y esa, esa es una verdad incómoda.

Extinciones, Partidos políticos y Colegios Profesionales…

El bueno de David ha abierto el debate (otra vez) sobre Colegios Profesionales en “informática”, al hilo de la futura Ley de Servicios Profesionales. Como siempre, malentendidos, intereses cruzados más o menos disimulados, orgullos y piques, hacen que uno se pregunte si no deberíamos hablar menos de Colegios y más de Profesionales…

Por otro lado, hoy me he sorprendido sintiéndome retratado con un barómetro del CIS. Me explico; soy de los (¿pocos?) que piensan que los partidos políticos son un instrumento de otro tiempo, que pudo servir su función, pero que hoy en día están prácticamente (¿totalmente?) superados por la velocidad a la que evolucionan las sociedades.

Tanto tecnológica como socialmente, tenemos que prepararnos para dar un salto, y tomar nuestras responsabilidades en nuestras manos. Menos delegación, más selectiva. Mayor responsabilidad. Respeto, sí, y un poco de miedo. Pero para mí es un camino a seguir, más pronto que tarde.

Lo que me ha hecho conectar ambos temas, Colegios y Partidos, ha sido escuchar a algunos tertulianos sorprenderse por este desapego, y recordar con cierta indignación cómo en los años 60 y 70 se luchó por la legalización de los partidos. Y claro, si ahora, tan poco tiempo después, se genera esa desafección… se sienten humillados, y en cierto modo traicionados. Pero no deberían. Simplemente han llegado a confundir el medio (el partido), que entonces era una utopia y un símbolo de anhelada modernidad social, con el fin; el sistema de libertades. Que es una conquista, pero parcial, porque debe lucharse de manera continua, para mantenerlo y mejorarlo.

Y me pregunto si no nos está pasando algo parecido con los Colegios. Si no somos “los informáticos profesionales” ese adolescente tardío que llega tarde a todas las épocas. Si no estamos luchando por una regulación que es signo de tiempos anteriores. Si no estamos confundiendo el fin con los medios. Si no tendríamos que plantearnos qué profesión (o profesiones) tenemos, y cómo evolucionar a la vanguardia social, superando falsos instrumentos que se nos presentan como preceptivos, como “la forma de hacer” las cosas.

Me pregunto, en definitiva, si no estamos de verdad preparados para inventar nuevas formas de hacer las cosas.

Si alguien que me escucha se viera retratado
sépase que se hace con ese destino.
Cualquier reclamación, que sea sin membrete,
buenas noches amigos y enemigos
“Resúmen de Noticias” - Silvio Rodríguez

“Cómo conseguirlo sin que tu jefe estorbe”

Al hilo del taller de “Niels Pflaeging” de hoy, adaptado y rescatado de un viejo email, esto es un texto de Tom Peters para todos esos que “es que en mi empresa eso no se puede hacer”.

[WARNING: Esto no es cambio organizacional, eso es otra cosa. Es sólo para animar a que la estructura formal no nos acogote, nunca]

“Ten una idea surrealista.
Compartela con un par de buenos amigos.
Púlela un poco (rápidamente).
Véndela un poco más, púlela un poco más.
Busca en tus contactos una lista de tipos a los que podría interesar el cambio.
Escoge a un par que tenga posibilidades.
Decídete por uno. Pruébale. Ya tienes un complice.
Esboza un plan burdo.
Avanza. Ahora!
Aprende rápido (con pequeñas pérdidas), consigue pequeños éxitos.
Ajusta, ajusta, ajusta.
Recluta a alguien más en segunda ronda.
Consigue un montón de pequeños triunfos (y aprende de todas tus pequeñas pérdidas).
Ajusta, ajusta, ajusta.
Deja que el rumor de tus pequeños éxitos vaya corriendo por ahí.
Prepara demos pequelas para capas superiores (pueden ser en la máquina de café!)



Haz que la red de Cómplices Conversos ponga en marcha una propuesta en Serio “a través de la cadena de mando”.


Sigue, sigue, vuelve a empezar!!”

En un mar de horas extras, yo no me pienso bañar,
bajo un sol fluorescente, no me quiero broncear,
y mientras busco otro final,
papá vuelve a hacer las cuentas cuadrar
Los Enemigos - “Hasta el lunes”

Planificación, evilness y las discrepancias de escala

Al hilo de unos tweets con @david_bonilla y @carlosthesailor…

Tengo la (vieja ya) sensación de que muchísimas discusiones/debates parten de problemas al compartir la escala a la que se aplica el problema. Si a eso le unimos que vivimos en un mercado de frases hechas, a poder ser de tres o cuatro palabras, a las que se exige sustituir a la formación, a la experiencia, y al raruno sentido común…. la cosa está difícil.

Lo mismo si hablamos de diseño emergente vs “BDUF”, de respuesta al cambio vs seguir el plan, nos encanta llevar los debates al extremo opuesto, para demostrar algo que parece que somos incapaces de asumir. Que “depende”.

Las palabras se nos quedan cortas. PLANIFICAR. Sí, sabemos qué es ‘planificar’ pero… ¿a qué nivel de detalle? ¿a qué escala? ¿Tener cerradas fechas (mi cita con el dentista, la declaración de la renta, el cumpleaños de mis hijos, la feria en la que quiero presentar un producto) significa que estoy *planificando*?

Esas fechas no son un plan, son objetivos, son restricciones, igual que el presupuesto del que dispongo para comprar los regalos antes del cumpleaños, o la definición del “MVP” de ese producto que quiero presentar.

Cuando hablamos de que “planificar es evil” (en fin… :P) no estamos - no deberíamos - referirnos a objetivos, contraints, influencias del mundo en nuestro sistema. Estamos refiriéndonos a, para cumplir esos objetivos, describir a priori qué haremos cuándo, por todo el camino, para llegar a esos objetivos. Y ahí es donde es facil caer en el lado sucio, y confundir los medios con los fines, y perder de vista los objetivos.

¿Necesito saber, en una escala de magnitud apropiada, qué tendré que hacer, y qué esfuerzo y riesgos correré para conseguir un objetivo?

Sí, claro.

¿Necesito saber qué tareas exactamente acometeré, y qué esfuerzos serán necesarios para cada una de ellas para eso?

No, claro. No, salvo que esté trabajando en el espacio exterior, en un mundo donde la tecnología, el problema, el mercado, el equipo, el cliente, me resultan aliens, y no los conozco en absoluto. Pero es que si es así… ¿qué coño estoy haciendo yo ahí? :P

Al final, en muchas ocasiones, hay una métrica sencilla, intuitiva, que sería suficiente aplicar. Se basa en dos preguntas. “¿Me cabe o no me cabe?”. Y si me cabe… “¿me va a doler mucho o poco?”.

Con esas dos respuestas ya estás capacitado para tomar la única decisión posible. “¿Vamos o no vamos?”

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