defendituko dut nire aitaren etxea… y Oskar refleja el dolor bloqueado, de herida enquistada, en Euskadi


Lo peor; esa sensación de volver siempre diez años atrás, de no haber avanzado nada.

Recuerdo el tiempo en que, poco más que adolescente, discutíamos las soluciones acaloradamente. Nunca llegamos a nada, y ya casi ni discuto.

Recuerdo cuando soñaba que oiría la noticia en la radio, e iría corriendo a decírselo a mi padre, pero no pasó.

Recuerdo cuando me prometí que iría de todos modos a contárselo el día que sucediera, aunque él no esté realmente debajo de esa piedra; pensé que si en algo me estaría esperando sería en eso.
Nire aitaren etxea defendituko dut

Pensé que al nacer mi hijo se habría arreglado, y juntos se lo contaríamos, aunque aún no supiera hablar. Y hace no tanto pensé que para Martín serían algún día batallas absurdas, recuerdos de dolores ajenos…
pero supongo que tendré que prepararme para contárselo, y que tendrá que vivir su propia rabia algún día...

Intentaré que entienda que “nire aitaren etxean” no es sitio para que un padre muera sangrando en brazos de sus hijos…