Y yo que pensaba que me había “caído del caballo” hace ya años… que creía ser un defensor de los equipos auto-organizados… y el éxito del Agile Open Space me ha soprendido como a cualquier dictatorzuelo de barrio. Y es que, una cosa es tres equipos de 7 personas auto-organizados, otra… lo que he visto este fin de semana.

Primero; dudé de nuestra capacidad de convocatoria… y antes de terminar Agosto (y mira cómo es este país en Agosto) las 150 plazas previstas estaban completas (llegamos a casi 350 solicitudes!).

Segundo, pedimos confirmación o cancelación para poder reemplazar las bajas con la lista de espera, y la gente respondió, y pudimos así optimizar los asistentes gracias a la cortesia de todos los que confirmaron que no podrían venir para que liberáramos su plaza.

Luego dudé de la seriedad de los inscritos finales… “seguro que faltan el 40%”… y me encuentro con que tenemos un porcentaje de asistencia cercano al 90% (flipante, menos mal que se provisionó económicamente “al alza”)

Luego dudé de la participación en un formato “Open Space”… y se comenzó a formar cola para pasar al escenario a proponer sesiones (!).

Y en ese momento, cuando “la gente”, ese sujeto imperfecto tan a menudo criticado, que traducimos como “todos los demás que no saben”… pues ese “la gente” comenzó a votar con sus “dots”, a mover tarjetas, a discutir las propuestas… y se formó una programación de sesiones (6 tracks simultáneos de 5 sesiones de 1 hora!!) compleja de forma emergente, con mínima ayuda de los allí presentes.

Fantástico. Si alguien me dice que 160 personas pueden colaborar a lo largo de un par de horas en consensuar TREINTA temáticas para charlar a lo largo de un día entero… mi pequeño dictatorzuelo interior me habría propuesto dar un golpe de estado y comenzar a “dirigir” el esfuerzo.

Lo que nos reafirma en que en ocasiones la mejor acción es la inacción, y que dejar espacios de confianza a los equipos puede ser la única manera de fluir en situaciones complejas.