Hace unos años, en un reportaje sobre la evolución de la pesca a nivel mundial, planteaban una paradoja típica de nuestro tiempo: Es posible criar en “semicautividad” determinadas especies que tradicionalmente no eran viables, pero alimentarlas es tan caro o más que pescarlas en mar abierto, puesto que requieren una importantísima cantidad de inversión en otros peces más pequeños (sardina, anchoa, …) para alimentarlos.

En la práctica, para intentar “salvar” una especie bien valorada en el mercado (como el bacalao), aumentamos la presión sobre otros recursos menores, e incrementamos su demanda artificialmente. Además, esos otros recursos son necesarios para mantener el equilibrio del resto de las especies, con lo estas tambien se ponen en peligro.

Pues bien,
de nuevo via Chema veo cómo Google sube el precio de las sardinas para dar de comer a su bacalao: El bacalao de Google es hoy por hoy la publicidad, y para ello practica la captura masiva de usuarios. Pero para dar de comer a ese bacalao, compra empresas e ideas que buscaban su propio camino en el ecosistema, y ofrece sus servicios a precios finales muy bajos acabando con esos mercados emergentes.

La pregunta (sin acritud), es si esto es tan diferente del “abuso de posición dominante” en que incurría Microsoft con el “regalo” del Explorer en tiempos de Netscape, y otras prácticas condenadas por opinión pública y tribunales.

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