Hay unas pocas frases que me sigo repitiendo año atrás año, desde que tengo un poquito de eso que llaman “uso de razón”, que parecen perseguirme.

Una me la dijo mi padre muchas veces, e intento recordarla por muchos motivos: “Piensa siempre como si el que tienes en frente fuera por lo menos algo más inteligente que tú”

Una deriva clásica de esta, es suponer que “cuando alguien hace algo que te parece manifiéstamente estúpido, es muy posible que sepa algo que tú ignoras”.

La última que me viene a la cabeza es un clásico de las partidas de póker: “Cuando no eres capaz de identificar claramente quién de entre los sentados a la mesa es el pardillo… casi con seguridad el pardillo eres tú

En el panorama actual, es fuerte la tentación de suponer que las actuaciones del “sistema político” son estupideces; que no se enteran de nada, que simplemente pasan el rato con esa sonrisa bobalicona y llenándose la boca de lugares comunes. Que caerán por su propio peso, que la lógica se impondrá. Demasiado a menudo amigos con los que comparto preocupaciones y coordenadas mentales nos encontramos en discusiones parecidas.

En ese momento debemos recordar que muy probablemente son más listos que nosotros. Manejan hilos que nosotros nos negamos incluso a pensar que existen.

Por otra parte, casi seguro saben algo que nosotros parecemos esforzarnos por ignorar:

Que el miedo, la confortable permanencia del status quo a los ojos de las mayorías, es un poder que les empuja como una inagotable fuente de empuje. Saben también que tienen tantos amigos, y tan profundamente metidos en el lío, que no importa mucho lo que hagan; siempre que sean fieles a “los suyos”, los suyos les ayudarán de por vida.

Así que, finalmente, intentamos casi desesperadamente identificar al pardillo de la mesa, a aquellos que van a pagar los platos rotos de todo esto.

Y no hay manera, no los encontramos…