De niño me enseñaron que una empresa tenía responsabilidades; hacia sus accionistas (rentabilidad), hacia sus entorno (generación de tejido, impuestos), hacia sus empleados (creación de empleo).
Mi padre solía hacer incapié en esta última como una de las más importantes, y probablemente pudo ser la que más dolores le produjo en tiempos convulsos de reconversión que parecemos haber olvidado.

Ayer releyendo
No Logo, caí en la cuenta de un cambio de terminología desde aquellos tiempos. De unos años a esta parte, se habla del “crecimiento económico” como resultado de la actividad empresarial, cuando antes se hablaba de la “creación de empleo”.

El matiz es importante porque crecimiento económico no implica necesariamente retornos para el entorno donde la actividad empresarial se produce.

Cada vez más empresas aumentan su contribución al crecimiento económico (en términos macro) pero emplean mano de obra en países remotos, e incluso destruyen empleo en sus entornos de orígen en nombre de la optimización (ni siquiera de los beneficios, que siguen creciendo).
Sí, puede parecer demagógico (creo que no lo es). Sí, hay excepciones (cada vez menos).

Al hilo de esto, el blog de
Paul Krugman presenta una gráfica aterradora, que reproduzco aquí:


La gráfica representa el porcentaje sobre los ingresos totales de los EEUU que está en manos del 10% más rico de la población, desde principios de siglo XX.

¿No es para asustarse? ¿Alguien tiene las cifras equivalentes para Europa?