Ambos podrían ser títulos de Siniestro, pero no, son ambos titulares de hoy. Aunque el segundo, desde la visión que aquí tenemos del budismo, nos suena a titular de “El Mundo Today”.

Resulta que ha habido un número de incidentes en los últimos tiempos con turistas occidentales siendo denunciados a la policía por comportamientos irrespetuosos con la religión, tales como llevar un tatuaje de Buda.

Curiosamente, el homenaje no se consideró tal, les denunciaron, y algunos han acabado enchironados, otros deportados, etc… Y claro, eso atrae la atención de los reporteros de agencia sobre hechos violentos sucedidos en Sri Lanka en los últimos años que por otra parte no estaban teniendo ningún seguimiento. Y resulta que descubrimos que hay “budistas extremistas” que han realizado ataques a colectivos musulmanes, cristianos, etc…

Hace unos años tuve la suerte de visitar Sri Lanka (simple turismo superficial), y dos cosas me llamaron la atención de los cingaleses (declaradamente budistas) que conocí, más allá de su amabilidad y su constante sonrisa; Una, el desprecio que mostraban públicamente por los tamiles (mayoritariamente hinduistas) y por los musulmanes. La otra, una visión ciertamente doctrinal del budismo, que de alguna manera me sorprendía pero… ¿qué narices sabré yo del budismo?

En un país desangrado durante décadas por la guerra entre Tigres Tamiles y Leones Singaleses, y azotado por un tsunami hace no tanto,  ¿puede sorprendernos que además les crezcan los enanos y que uno de los colectivos religiosos más pacíficos en nuestro imaginario occidental se revele violento?

Lo que me lleva al otro gran tema. “TDD ha muerto”. Como siempre, todo va a depende de quién emita el mensaje, y de cuántos estemos dispuestos a retuitearlo y a dar grandes “+1”, “ya lo decía yo”, etc…

No seré yo el que emita una opinión sobre el mensaje de fondo. Muerto, vivo, no me importa demasiado. Hay tantas cosas que tengo todavía que aprender del trabajo de los que se fueron, de las ideas que pasaron al olvido sin llegar a comprenderse, y es tan corto el periodo en que cualquier tendencia se considera “viva” en nuestro mundillo, que me da cierto pudor permitirme opinar sobre si algo está vivo o no.

Lo que tango claro, y me destroza, es que siempre vamos con todo, que es muy parecido a no tener nada claro. O somos fundamentalistas, o fundamentalistamente antifundamentalistas. Sin medias tintas.

Seguimos tomando partido, decidiendo que algo es bueno o malo sin dedicarle el mínimo tiempo para dominarlo y sacar lo mejor de ello. Nos atrincheramos en nuestro frente o salimos del armario con grandilocuencia pero en cualquier caso no contemplamos la posibilidad de un terreno común, de un ejercicio de aprendizaje, de un reconocimiento de algunas virtudes en las posiciones ajenas.

Soy injusto; conozco a muchos que ponen las cosas en su sitio, distinguen entre medios y fines, y ponen el sentido común en el centro de las cosas, con respeto, y centrándose en “hacer” más que en discutir o pontificar.

Pero de cara al público, de cara a nuestros esfuerzos de “marca personal” en esta jungla profesional tan mutante, nos resulta mucho más sencillo quemar etapas como si no hubiera mañana, pasar curso sin comprender las asignaturas, y respirar aliviados; “Ufff… a ver si se pasa eso del TDD porque nunca lo he comprendido del todo”. Y mientras tanto, seguimos sin vernos en el espejo, sin reconocernos en las terribles imágenes de los enfrentamientos entre budistas, y en el ejemplo patético que estamos dando a las nuevas generaciones.

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