Enrique Dans parte de las últimas noticias de manipulación para reflexionar sobre el poder de la negación colectiva.

Su reflexión sobre el miedo a lo desconocido (encarnado recientemente en las críticas a la Wikipedia, el rechazo a la calidad del opensource, el miedo a las redes sociales) y cualquier cambio radical sobre nuestras bases educativas es más que interesante, y tristemente incide en el hecho de que los colectivos humanos somos incapaces de razonar mínimamente.
La propia naturaleza de la democracia “amortigua” los extremos de las opiniones, y por lo tanto hace que las ideas geniales (y las estúpidas) lo tengan difícil para prosperar.

Como individuos casi todos somos capaces de racionalizar, e incluso podríamos (no siempre) llegar a interpretar los “grises” de la vida, y asumir que nada es bueno o mal al 100%.

Pero como colectivo, parece que nos alineamos, elegimos bando;

  • Sabemos a quien votar, aunque dificilmente sabremos por qué lo hacemos.

  • Somos de un equipo por algún motivo.

  • Tendemos a defender nuestras decisiones, y sentimos una cierta simpatía hacia aquellos que coinciden con nosotros.

  • No probamos todos los coches, pero nos gusta oir de otros que nuestro modelo fue una buena compra.

  • Pensamos que lo “nuestro” (ja!), o al menos lo “cercano”, es mejor que lo del resto. Y así tenemos la infinita inocencia de defender lo nuestro (jaja!) bien enviando SMS para votar al Triunfito de nuestro pueblo, bien para defender la supremacía de la Alhambra (o del Puente Colgante, para el caso!) frente a otras maravillas del mundo, que no hemos visto, pero que no necesitamos ver para saber que deben ser mucho peores que las nuestras (jajajaja!!).