El bueno de David ha abierto el debate (otra vez) sobre Colegios Profesionales en “informática”, al hilo de la futura Ley de Servicios Profesionales. Como siempre, malentendidos, intereses cruzados más o menos disimulados, orgullos y piques, hacen que uno se pregunte si no deberíamos hablar menos de Colegios y más de Profesionales…

Por otro lado, hoy me he sorprendido sintiéndome retratado con un barómetro del CIS. Me explico; soy de los (¿pocos?) que piensan que los partidos políticos son un instrumento de otro tiempo, que pudo servir su función, pero que hoy en día están prácticamente (¿totalmente?) superados por la velocidad a la que evolucionan las sociedades.

Tanto tecnológica como socialmente, tenemos que prepararnos para dar un salto, y tomar nuestras responsabilidades en nuestras manos. Menos delegación, más selectiva. Mayor responsabilidad. Respeto, sí, y un poco de miedo. Pero para mí es un camino a seguir, más pronto que tarde.

Lo que me ha hecho conectar ambos temas, Colegios y Partidos, ha sido escuchar a algunos tertulianos sorprenderse por este desapego, y recordar con cierta indignación cómo en los años 60 y 70 se luchó por la legalización de los partidos. Y claro, si ahora, tan poco tiempo después, se genera esa desafección… se sienten humillados, y en cierto modo traicionados. Pero no deberían. Simplemente han llegado a confundir el medio (el partido), que entonces era una utopia y un símbolo de anhelada modernidad social, con el fin; el sistema de libertades. Que es una conquista, pero parcial, porque debe lucharse de manera continua, para mantenerlo y mejorarlo.

Y me pregunto si no nos está pasando algo parecido con los Colegios. Si no somos “los informáticos profesionales” ese adolescente tardío que llega tarde a todas las épocas. Si no estamos luchando por una regulación que es signo de tiempos anteriores. Si no estamos confundiendo el fin con los medios. Si no tendríamos que plantearnos qué profesión (o profesiones) tenemos, y cómo evolucionar a la vanguardia social, superando falsos instrumentos que se nos presentan como preceptivos, como “la forma de hacer” las cosas.

Me pregunto, en definitiva, si no estamos de verdad preparados para inventar nuevas formas de hacer las cosas.