Un artículo “Los chavales dicen: ‘El email está tan muerto…’” en news.com me pone los pelos como escarpias, y me recuerda que, aunque me haga mayor con los años, debería hacer un esfuerzo por no hacerme mayor en mi visión del mundo…
Por una parte el artículo insiste en el boom de las redes sociales como medio de contacto habitual, que puede parecer forzado para los de mi generación, pero que es el pan nuestro de cada día para los niños que tienen 12 años y llevan “toda la vida” conectados a Internet.
“Nosotros” tendemos a preferir el email. Incluso hoy en una charla informal he oído lo de que “todo se organiza alrededor del email”.
Esta visión, un tanto Notes-centrica, que puede ser cierta para nuestra generación laboral, ni siquiera ha sido bien resuelta: Proyectos como “Chandler” o el propio Google Apps siguen intentando resolverlo, pero tengo la sensación de que antes de que encuentren “la Solución” la nueva generación habrá ido por otro lado, y no la necesitará.
El día (¿en 10 años?) que los adolescentes de ahora se incorporen al mercado de trabajo, lo harán con sus herramientas más interiorizadas de lo que nosotros teníamos el email cuando empezamos a trabajar (yo tengo cuenta de correo en el trabajo desde 1996).
“Nosotros” tenemos una cierta aprensión a las redes sociales, porque nos recuerdan a las party-lines; un sitio para charlar, donde van los que no son capaces de tener relaciones sociales “normales”.
Pero para las nuevas generaciones, las redes sociales son parte indisoluble de la realidad diaria.
Más allá de esto, el artículo me recuerda algo que había olvidado: Que con 17 años se puede tener la capacidad y la inquietud como para lanzar un portal de internet, un nuevo producto, un juego, un servicio, y la red aporta a esos emprendedores un amplificador del que no disponía Bill Gates cuando dedidió que “hacer música era más divertido que hacer tocadiscos”.
Mejor mantengamos los ojos abiertos…