Enrique Dans reflexiona sobre un mundo en el que la red no fuera un elemento neutral.

Realmente no estamos tan lejos de esa película de terror.
Al menos los ISPs han sido siempre dados a restricciones (desde no hacer nada para evitar que sus rangos de IPs “baratas” sean bloqueadas en blacklists, hasta cierre de puertos “porque no tienes derecho a usar esas aplicaciones”).

Pero es complicado mantener la neutralidad cuando en 20 años hemos pasado de una red regida por entidades educativas (pese al orígen militar) a una red propiedad de compañías de telecomunicaciones transnacionales.

Y cuidado con lo de que “es el cliente el que decide”, y siempre se puede “cambiar de proveedor”, porque los proveedores tienden peligrosamente a
coincidir tanto en tarifas como en políticas, y los pringaos que exigimos nuestro derecho a enviar paquetes TCP por el puerto que nos parezca somos lo suficientemente minoritarios como para no importarles a nadie realmente.

Si, la neutralidad de la red es un derecho. Uno más que si es pisoteado pasará a la historia sin más…