Con el mismo título, un interesante post en el blog de Dioni Nespral acerca de lo patético que resulta en estos tiempos el quejarse de que los embarazos (y yo añado la paternidad/maternidad) afectan a la productividad de una empresa.

La siguiente derivada de este problema suelen ser los comentarios de,
ahora ya no trabaja como antes, y las referencias a todas esas responsabilidades familiares que aparentemente sólo afectan a la productividad de las mujeres.

El primer problema es de organización. Y es un síntoma más de la pobre estructura productiva de este país.
Nuestro único camino hacia la productividad parece ser el ahorro de coste, bien en salario, bien en sobrejornada no remunerada. Toda inversión en mejora de procedimiento y organización parece disolverse en el aire de los cursos de alta dirección.

El otro problema es el patético machismo que todavía empapa a una gran parte de esta sociedad.
Es un problema cultural grave, pero llama incluso más la atención cuando se presenta en perfiles emprendedores y en muchos casos con un nivel educativo y cultural alto como son los cargos directivos.

Sí, es una generalización, y como tal puede tener contraejemplos, pero mi percepción es que estamos perdiendo dos trenes simultáneamente; el de la pelea competitiva, y el de la calidad de vida conciliable.