Llevo desde niño escuchando eso de que “la envidia es el deporte nacional”, aunque nunca lo he compartido del todo.

Por una parte, la gente a la que he conocido nunca me pareció especialmente envidiosa. Por otra, algo de envidia “sana”, de deseo de lograr lo que otro ha logrado, tampoco me parecía intrínsecamente malo.

Pero con los años, he ido asociando ese “deporte nacional” a otro comportamiento de nuestro entorno social, a otro rasgo colectivo de personalidad, que de alguna manera incorpora esa sensación de “envidia” y que puede ser incluso más perjudicial.

Como tantas cosas, basta con que te lo imagines, con que le des un nombre en tu cabeza, para que comiences a verlo hasta debajo de las piedras. En mi caso hace tiempo que le dí nombre; lo llamo el “Síndrome de Superlopez”.

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Vale, ¿cuál es el problema con Superlopez?

Pues a priori no tiene ninguno, ¿no? Es un superheroe, tiene poderes, fuerza, habilidad, inteligencia, y lo que es mejor, tiene un fuerte sentido ético y busca el bien colectivo sobre todas las cosas, incluso aunque le cueste dolores de cabeza e incompresión, tanto por parte de su Luisa como de la población en general.

Visto así, siempre querríamos tener alguien como Superlopez cerca, en nuestro entorno y en la toma de decisiones que nos afectan.

Pero claro Superlopez se enfrenta a dos problemas fundamentales:

  • Primero, su imagen. Asumámoslo, no tiene una personalidad abrumadora; su imagen, su bigote setentero, su percha… de alguna manera hace que sea dificil tomárselo en serio. De hecho, la primera impresión que suele causar no es muy positiva.

  • Segundo, el nivel de exigencia. Una vez asumido como superheroe, no se le perdona ni una. Normalmente se le hace responsable de todos los desastres en los que participa, y sus heroicidades quedan eclipsadas por sus pequeños problemas.

¿Resultado? Superlopez sería un gran lider, pero no le tomamos en serio. De alguna manera está “eliminado” para el liderazgo público por detalles que tienen mucha menos importancia que los fundamentales, pero que de alguna manera anulan a sus virtudes.

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De hecho, ¿no son precisamente sus muchas virtudes las que agudizan el escrutinio de sus defectos y su discusión pública?. Cada pelo de su bigote, cada “cachis en la mar”, cada vez que se acerca el dedo a la nariz y se rasca pensativo, contrasta con la imagen de lider puro e imposible que buscamos, y lo hace insuficiente.

Ok, entendido, ¿pero de verdad ves casos del “Síndrome de Superlopez” en nuestra vida real?

Uffffhh…. a diario, sí, muchos. Cada vez que surge algo o alguien que promete, que parece capaz de superar el estancamiento y mejorar su área de influencia, se materializa a su lado el “síndrome de superlopez” para intentar “bajarlo a la tierra”.

¿Que aparecen las metodologías ágiles? Nos empeñamos en enfocarnos en los problemas que *no* resuelven.

¿El TDD? “Sin duda puede llevar a problemas de diseño” (quiere decir:  puede que ayude a hacerlo mejor, pero realmente no me atrevo a afrontar la responsabilidad)

¿Partidos políticos diferentes? "En el fondo todos son iguales" (quiere decir: prefiero que me roben los de siempre a que me decepcione uno nuevo y además, si voto lo mismo que otros cuantos millones no pareceré tan tonto cuando me engañen)

La entrevista de Jordi Évole a Jose Mújica: “No es perfecto / Mira qué pintas / Mira lo que ha dicho de xxxxx / No todo lo que dice es aplicable” (quiero decir: ni se me ocurre qué haría si se presentara alguien así aquí, y dijera esas ideas en público, casi mejor que no se presente para que no me obliguen a tomar decisiones, que entonces a quién me voy a quejar…)

Lo grave no es que seamos críticos y exigentes con las personas, con los avances, con los nuevos enfoques. ¡Eso es cojonudo!

Lo grave, lo terrible, es que lo seamos *sólo* con aquellos nuevos que brillan, mientras dejamos que el lamentable status-quo existente siga adelante porque total, “esto nuevo tampoco es perfecto.

¿Qué nos lleva a semejante comportamiento? ¿Es el miedo a la decepción, a ser traicionados si lo apostamos “todo”? ¿Es una coraza que nos ponemos para evitar el miedo al ridículo, al ‘ya te lo advertí’ de nuestra familia y amigos? ¿Necesidad de sentirnos arropados, de que nuestras decisiones sean aceptadas y la responsabilidad compartida?

En fin… mi impresión es que no existen superhéroes, pero existen cientos, miles de héroes a nuestro entorno, capacitados para ayudarnos a mejorar. No podemos tratar peor a aquellos que traen algo nuevo, mientras aguantamos con resignación comportamientos negligentes, irresponsables o incluso corruptos en nuestro entorno social, político, profesional.

Como dicen los principios de una empresa de telefonía (que no mencionaré para evitar la aplicación inmediata del propio “Síndrome de Superlopez”):

No hay problema en cambiar TODOS los días TODAS las cosas si se mejora algo.

Si queremos que las cosas mejoren, en cualquier campo, debemos estar dispuestos a abrazar el cambio, a valorar lo positivo de cada acción, y a tomar las riendas de nuestro destino.

Necesitamos dar oportunidad a las nuevas ideas, con la tranquilidad de que si no funcionan, podemos volver a cambiarlas.

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